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¿Por qué es malo acostar tarde a los niños?

Acostarse tarde no está entre las medidas de un estilo de vida saludable. En los niños puede tener una repercusión más perjudicial porque todavía están desarrollando su organismo. Para dar una mejor idea de esa repercusión: la vigilia extendida en los niños es tan o más peligrosa que una inadecuada alimentación. Aquí analizamos algunas de sus secuelas.

¿Qué tan importante es dormir bien?

El sueño ayuda al cerebro a relajarse. Mientras dormimos nuestro cuerpo reposa y libera todas las tensiones y el cansancio del día. En los niños sucede exactamente igual, y además se reactivan procesos necesarios para su crecimiento y desarrollo.

Es por eso que deben conciliar un sueño con la cantidad de horas y de descansos conformes a su edad, pero además profundo y prolongado por las noches, según el biorritmo.

En la actualidad acostar temprano a los niños es cada día un reto. No solo por los horarios de trabajo que cumplen algunos padres, sino por el sinnúmero de actividades capaces de distraer la atención al punto de quitar el sueño.

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Y no es para nada propicio esquivar o impedir el sueño. Varias complicaciones pueden surgir como consecuencia de esa práctica. Entre las principales se destacan el cansancio, los impedimentos para concentrarse y la somnolencia o adormecimiento, todas muy relacionadas entre sí. Últimamente, el riesgo de padecer obesidad también se asocia a no dormir.

  1. Cansancio

El cansancio es quizás lo primero que se nota cuando no se duerme o se duerme pobremente. La extenuación característica de una noche de insomnio provoca otras molestias como la pérdida de concentración y la somnolencia. Sin embargo también puede inducir estados de ansiedad o trastornos del sueño que deben tratarse con un especialista.

  1. Pérdida de la concentración

Al estar agotados el cuerpo y la mente del niño, es imposible que preste atención, e incluso pierde la concentración en sus actividades cotidianas, ya sea en la escuela o en el hogar. Su señal de “alerta” se apaga y no es capaz de realizar simples tareas como dibujar o leer.

  1. Somnolencia

La somnolencia completa la tríada de sensaciones producto del mal sueño. Estimulada también por el cansancio y las pocas horas de sueño, trae consigo alteraciones en la conducta y dificultades en el aprendizaje. Y es que ¿cómo pueden aprender sin mantenerse despiertos?

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  1. Riesgo de obesidad

Como si no hubiera razones suficientes para dormir bien, algunas investigaciones publicadas en años recientes, postulan que es mayor el riesgo de obesidad infantil y sobrepeso en los niños con malas rutinas de sueño, sobre todo cuando tienen tendencia al sedentarismo.

¿Qué podemos hacer?

Para lograr que nuestros niños “duerman como angelitos” lo mejor es inculcarles buenas prácticas de sueño, especialmente mientras todavía son bebés. Para ello, debemos acostarlos cuando cae la noche, y lograr que su cuarto sea un lugar tranquilo y apacible donde puedan rendirse al silencio.

Si se lo proponen, toda la familia puede ayudar en este empeño. Recuerden que los niños imitan nuestras conductas, así que apaguemos el televisor temprano y ¡a dormir!

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