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Del desalojo a una nueva vida: Abuela recibió ayuda y un nuevo hogar junto con su perrita

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Sin una entrada económica fija, Irma Vázquez perdió su renta y la única solución que encontró fue mudarse a las calles de El Salvador. Afortunadamente la ayuda llegó pronto y ya tiene un techo adecuado en que resguardarse.

Irma Vázquez es una anciana que vivía con sus tres perritos en Usulután. Fue expulsada de la casa que habitaba en ese pueblo salvadoreño y sin otro apoyo en su vida se dirigió al único lugar donde no le cobrarían: la calle. Luego de algunos días en esa situación surgió un muchacho dispuesto a protegerla en su propia casa.

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La expulsión de Irma fue un tanto absurda y sin fundamentos, puesto que la señora sostiene que su renta estaba abonada incluyendo el mes de abril. La abuela incluso se vio obligada a abandonar dos de sus mascotas y solo Lucky pudo trasladarse con ella.

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El Diario de Hoy reportó que en ese instante Irma decidió moverse a San Salvador, la capital del país tratando de mejorar sus condiciones, que ya no podían empeorar más. Y se alejó de su ciudad con muy escaso respaldo económico y un par de prendas para vestirse.

Los fondos se acabaron rápidamente y la impulsaron a deambular por los parques. Los bancos de la plaza Gerardo Barrios sirvieron de cama y refugio tanto para Irma como para Lucky. Por suerte alguien notó las pobres circunstancias de esta abuela y divulgó su escenario en las redes sociales. Ello incentivó a numerosos salvadoreños a auxiliarla, incluido el que le facilitó su nueva residencia.

El encuentro entre ellos no fue inmediato. Irma ya había pernoctado un día en un albergue público y también se resguardó una noche en el hogar de alguien que le dejó quedarse. Fue entonces que contactó con su caritativo benefactor.

“Un muchacho de Estados Unidos me habló y me dijo que él tenía una casa vacía y que si yo quería me podía quedar ahí con la perrita“, declaró en entrevista a El Diario de Hoy.

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No obstante otras personas también se unieron para brindarle auxilio. El respaldo de la comunidad fue vital para esta abuela y además significativo, porque los víveres y alimentos estuvieron destinados para ambas: Irma y Lucky.

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Ronald Lara, uno de sus defensores, expresó: “Yo vi la publicación el lunes (8 de marzo) y la verdad es que la pasé, pero hoy (10 de marzo) la volví a ver y dije que quizás la situación aún no se había resuelto así que decidimos unirnos con otros dos amigos para ayudar al menos un poquito”.

Finalmente, Irma Vázquez arribó a su hogar temporal, llena de felicidad por tanta misericordia y porque el dueño le ha brindado su mano indefinidamente. De acuerdo con la noticia en el diario, la cómoda residencia tiene corriente eléctrica y agua potable y también posee una cama confortable acorde con las necesidades de la edad de esta señora.

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Yo estoy muy agradecida, yo ya me siento bastante bien. Yo lo que voy hacer es ir comprando mis cosas poquito a poquito, para hacerme de mis cosas“, comentó Irma emocionada.

Asimismo, recordó que en su pueblo quedaron todas sus pertenencias y lamentablemente sus amigos incondicionales, los perros, por los que todavía trata de velar, aún desde lejos: “Hay personas que quieren adoptar a los otros dos perritos y si hay alguien que quiere hacer el viaje hasta Usulután para adoptarlos yo puedo ir con ellos a traerlos, con tal de que estén bien”.

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Ahora Irma comienza su vida otra vez. Antiguamente era vendedora informal y en la actualidad planea retomar sus habilidades y abrir un nuevo comercio que la provea de soporte económico.

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